El paciente que el sistema no sabe dónde poner
En 1870 se describió un vértigo de las plazas abiertas con posible origen en el oído. Un año después el mismo cuadro recibió el nombre de agorafobia y se separó de él. Desde entonces el mareo, la inestabilidad, la evitación de los espacios y la sensación de irrealidad los estudian dos medicinas que apenas se leen. Esta página reúne lo que muestra una revisión de 418 publicaciones sobre ese territorio, lo que hacen con él los programas de tratamiento habituales y el modelo con el que propongo estudiarlo como un solo fenómeno.
publicaciones entre 1837 y 2026 en la revisión de alcance
estudios reclutados en clínica vestibular por cada uno reclutado en clínica psiquiátrica
de los estudios empíricos combinan pruebas vestibulares y entrevista psiquiátrica estructurada
publicaciones que tratan la agorafobia junto al pánico, frente a las que la tratan por separado
Cifras de la revisión de alcance en revisión en el Journal of Psychosomatic Research.1 Esta página sustituye a la versión de mayo de 2026, anterior al manuscrito definitivo.
Un recorrido que depende de la puerta
Mujer de 38 años. Lleva dieciséis meses con una inestabilidad continua, como si el suelo no fuera del todo fiable. Niega el vértigo de giro cuando se le pregunta. Empeora en los supermercados, en los centros comerciales y conduciendo por autovía, y en esos sitios se siente «como dentro de un cristal».
Por la calle camina pegada a su pareja y le coge de la mochila. No lo vive como miedo, dice que «así va mejor». Ha dejado de coger el metro sola, evita las escaleras mecánicas y las plantas altas de los centros comerciales, y en el supermercado grande solo entra acompañada y se mueve pegada a las paredes, cerca de la salida. Cuando se le pregunta si evita sitios, contesta que prefiere no ir.
Caso compuesto con rasgos que se repiten en consulta. No corresponde a ninguna paciente concreta.
Cada especialista hace lo correcto dentro de su marco. Lo que cambia de una consulta a otra es la etiqueta, y la última que recibe la paciente depende del orden de las puertas. La revisión de alcance llega a la misma conclusión desde los datos. El campo se entiende mejor como un territorio clínico parcialmente compartido que como comorbilidades entre trastornos separados, y la respuesta a la pregunta causal depende de la vía por la que se accedió al paciente.1
Cuando la exploración vestibular sale normal en un paciente con quejas persistentes, la atribución se desplaza hacia lo psicológico. La operación inversa no aparece en la literatura. El antecedente psiquiátrico no lleva a explorar el equilibrio con más detalle. Pratt y McKenzie ya advirtieron en 1958 de que una enfermedad de Ménière podía quedar etiquetada como neurosis cuando la respuesta emocional era tan llamativa que tapaba el cuadro vestibular.2
Un campo antiguo con una producción reciente
La revisión buscó en PubMed, Scopus, Web of Science y PsycINFO con un protocolo registrado antes de buscar. De 2.555 registros quedaron 418 piezas, desde Mayo en 1837 hasta 2026. El 78,9 % se publicó a partir del año 2000.1
Casi todo se estudia desde un lado
Los estudios reclutados en clínicas otoneurológicas y unidades de equilibrio son 191. Los reclutados en clínica psiquiátrica, 26. Los criterios de inclusión admitían por igual las dos procedencias, de modo que la asimetría viene de la literatura y no de la búsqueda.
De los 62 estudios longitudinales, 46 reclutan en clínica vestibular y tres en clínica psiquiátrica. Los tres son series breves de tratamiento farmacológico. El único seguimiento de una población psiquiátrica hacia un desenlace vestibular es una cohorte de aseguramiento que cuenta un código diagnóstico y no mide la función vestibular.3 Ningún estudio ha seguido en el tiempo, con pruebas vestibulares, a pacientes reclutados por un diagnóstico psiquiátrico.
La asociación existe en las dos direcciones
Cuando los pacientes llegan por un cuadro vestibular, un metaanálisis de 85 estudios y 764.403 participantes estima ansiedad clínica en el 31,4 % frente al 8,3 % de los controles, y depresión en el 28,3 % frente al 4,7 %.4 Con entrevista diagnóstica estructurada, la comorbilidad global va del 48,8 % al 68,2 %.5,6
La carga psicopatológica no sigue al déficit
En una misma cohorte de 547 pacientes evaluados con la misma entrevista, la proporción con algún trastorno mental va del 24,4 % en la vestibulopatía bilateral, uno de los déficits más graves y estables, al 51,2 % en la paroxismia vestibular, hecha de crisis breves e imprevisibles.5 Los estudios que midieron el déficit y la psicopatología en los mismos pacientes no encontraron una relación consistente entre una cosa y la otra.7,8
La psicopatología aparece después del episodio
En la cohorte que evaluó todo el espectro diagnóstico con evaluación psiquiátrica a ciegas, 37 de 54 pacientes con vestibulopatía periférica, el 68,5 %, cumplieron criterios de un trastorno iniciado después del cuadro vestibular. Ninguno tenía pánico ni agorafobia antes, y el pánico con o sin agorafobia fue el diagnóstico más frecuente.8 La incidencia cambia mucho según se excluya o no la psicopatología previa, del 12,9 % a dos años9 al 67,6 % a un año.10 La distancia entre esas dos cifras mide cuánto de lo que se registra como debut puede ser reactivación.
Hay además una serie en la que la evitación se instala sin pánico. De 18 pacientes con crisis monosintomáticas de vértigo y sin ansiedad durante ellas, 15 desarrollaron una evitación que acabó cumpliendo criterios de agorafobia.11
Desde la clínica psiquiátrica
Cuando se aplica una batería vestibular a pacientes con trastorno de pánico, entre el 50 % y el 93 % tiene al menos una prueba fuera de rango. La cifra máxima aparece cuando hay agorafobia.12 La dependencia de las referencias de superficie aparece solo en el grupo con agorafobia, y no en el pánico sin agorafobia, ni en otros trastornos de ansiedad, ni en la depresión.13
Tres configuraciones que reaparecen con otros nombres
Agrupadas por categorías vestibulares o psiquiátricas, las cifras son difíciles de leer. Ordenadas por lo que el paciente vive, se reparten en tres dominios que atraviesan las disciplinas. Son categorías de síntesis y no diagnósticos nuevos.1
Mareo, inestabilidad o desorientación en entornos visualmente complejos, espacios abiertos o desplazamientos, con evitación progresiva y búsqueda de referencias estables. La queja es mayor que cualquier lesión que se encuentre.
Despersonalización, desrealización, alteraciones del esquema corporal y experiencias fuera del cuerpo. No tiene categoría diagnóstica propia y se nombra con vocabularios de tres tradiciones. Cuenta con una vía experimental. La irrigación calórica induce en personas sanas síntomas que nunca habían tenido, y los pacientes vestibulares los reconocen como los de su enfermedad.19
Un continuo que va del desequilibrio de cualquiera ante la altura a la intolerancia visual a las alturas y a la acrofobia. Es el dominio que más tensiona la separación entre la respuesta fisiológica y la categoría psicopatológica.20
El dominio corporal-disociativo se identificó por el vocabulario de los autores. 37 piezas lo nombran en el título o el resumen y 91 en el texto completo. Los tres dominios no son excluyentes.
Catorce nombres para un mismo perfil
El dominio espacial-agorafóbico recibió al menos catorce denominaciones en siete líneas sucesivas a lo largo de más de siglo y medio. La matriz codifica, sobre el texto fuente de siete de ellas, qué exige cada una, qué describe sin exigirlo y qué excluye.1
Las siete comparten las condiciones que agravan el cuadro y la evitación. Se separan en la propiedad con la que agrupan las situaciones. La agorafobia del DSM y el vértigo postural fóbico las agrupan por la dificultad de escapar.22,23 El space and motion discomfort, la space phobia y el visual vertigo las agrupan por la escasez o el conflicto de referencias para orientarse.24,25,26
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La genealogía
Vértigo postural fóbico en 1986, mareo subjetivo crónico en 2003 y PPPD en 2017 se presentaron cada uno como refinamiento del anterior sobre una base clínica comparable. La sustitución de categorías no siguió a la acumulación de pruebas.27 En paralelo, la psiquiatría conservó el nombre de Westphal y lo redefinió con criterios propios desde el DSM-III. Entre 1987 y 2013 subordinó la agorafobia al trastorno de pánico.
Una pregunta causal mal formulada
La mitad de las publicaciones postula una dirección causal. Predomina la que va de la alteración vestibular a la psicopatología, en 1,46 a 1 frente a la contraria, aunque la asociación está documentada en los dos sentidos.1
Los marcos que ordenan este cruce suelen preguntar a qué disciplina pertenece el paciente.28 Otoneurológico y psiquiátrico nombran ámbitos de práctica y no clases de fenómenos, y una relación causal entre ámbitos no se puede contrastar. Las relaciones contrastables son entre procesos. La señal vestibular puede preceder a la respuesta de amenaza, la hipervigilancia puede cambiar el control postural, y las dos cosas pueden ocurrir en el mismo paciente.
Las siete familias de mecanismos del corpus salen de cuatro centros, Pittsburgh, Múnich, la tradición británica y Rouen. Su peso en la literatura sigue al de los centros que las formularon más que al de los datos que las apoyan. La que se basa en la personalidad premórbida predice una persistencia ligada al rasgo que la propia tradición que la formuló contradice.7
La pregunta relevante pasa a ser en qué condiciones la incertidumbre vestibular-postural se organiza como un síndrome.
Déficit, señal y secuencia
El gradiente por entidad sugiere que la regularidad de la señal vestibular ordena la carga psicopatológica mejor que su intensidad. La revisión la adopta como hipótesis organizadora y dice expresamente que el corpus no permite demostrarla.1
La hipótesis enlaza con los modelos predictivos del mareo funcional, que ponen en el centro la discrepancia entre lo que el sistema espera y lo que recibe.29 Tiene un contraejemplo en el corpus. La enfermedad de Ménière, paradigma de la crisis imprevisible, cambia de posición de una cohorte a otra, aunque su señal también cambia a lo largo del curso. Tiene además dos confusores. La migraña vestibular arrastra la comorbilidad entre migraña y ansiedad, y dentro de ella el déficit objetivado sí predijo la ansiedad.30 Los pacientes con vestibulopatía bilateral son mayores, y la ansiedad desciende con la edad.
Ninguna pieza mide la previsibilidad de la señal. Contrastar la hipótesis exige registrarla o manipularla, con la edad y la etiología controladas. En el modelo que propongo más abajo, la imprevisibilidad es uno de los cuatro componentes de la carga de una situación.
La agorafobia, una categoría hecha por exclusión
La agorafobia se difundió en la década de 1870 para los pacientes ansiosos en quienes no se encontraba un vértigo laberíntico. La categoría quedó delimitada por la ausencia del hallazgo que definía a la otra.31,32 Benedikt y Cordes la habían leído como un problema de control postural, orientación y amenaza.33,34 Westphal la leyó como miedo con evitación,35 y el DSM-III se quedó con esa lectura.
Dos maneras de agrupar las situaciones
La definición vigente agrupa las situaciones por la dificultad de escapar o de recibir ayuda. Eso encaja con el transporte, las colas y las multitudes, y encaja peor con las alturas, las plazas abiertas o los aparcamientos vacíos, donde nada impide salir. Para ese segundo grupo se ha propuesto una agrupación visuoespacial, según la cual lo que comparten esas situaciones es la escasez o la ambigüedad de las referencias para orientarse.12 Ninguna de las dos cubre la categoría entera. Quedarse solo fuera de casa conserva un componente interpersonal que la lectura visuoespacial no explica.
La agrupación visuoespacial tiene tres apoyos dentro de la categoría. Marks describió en 1981 un subgrupo cuyo miedo era caminar sin apoyo y caer, con inicio a los 55 años de media frente a los 24 de la agorafobia clásica y signos neurológicos o cardiovasculares en 10 de 13 pacientes.25 El instrumento estándar del campo distingue un malestar ligado al espacio y al movimiento de otro que no lo está.24 Y en 104 pacientes con trastornos de ansiedad, la posturografía anormal la predijo ese malestar, 52 % frente a 20 %, y no el diagnóstico.17
La comparación que podría decidir, agorafobia sin pánico frente a pánico sin agorafobia con exploración vestibular en ambos grupos, casi nadie la hace. Ningún estudio del corpus analiza la estructura latente de las situaciones agorafóbicas. Las pruebas reunidas convergen sin demostrar.
Qué preguntar a un paciente con pánico o agorafobia
- Si se marea entre crisis, y no solo durante ellas.
- Si necesita referencias visuales cercanas, una pared, un carro, un brazo.
- Cómo lleva las grandes superficies, los pasillos largos y las escaleras mecánicas.
- Si se desorienta conduciendo, sobre todo en autovía, puentes o túneles.
- Cómo responde ante las alturas.
- Si la sensación de irrealidad aparece con el movimiento.
Y en los cuadros vestibulares persistentes, preguntar al revés por la ansiedad, la evitación y las alteraciones de la experiencia corporal. La revisión apoya un cribado en las dos direcciones basado en el perfil funcional, que no obliga a un doble diagnóstico.1
Lo que hacen los programas habituales con el mareo
Analicé de principio a fin los cuatro textos que sostienen los grupos de pánico y agorafobia en nuestro medio. Son la guía del terapeuta y el cuaderno del paciente del programa de Craske y Barlow,36,37 el texto de Bados38 y el protocolo de la Universidad Autónoma de Madrid.39 Busqué todo lo que dicen sobre mareo, vértigo, equilibrio, caída, desmayo o irrealidad.
No pongo en duda su eficacia. Lo que muestran es que las variables que el modelo llama carga ya están en la clínica, en los ejercicios interoceptivos, en las situaciones de la jerarquía y en lo que hace el paciente para sostenerse, y que nadie las mide ni las usa para graduar. Se pueden resumir en seis problemas.
Una sola explicación para el mareo
Todo mareo de la crisis se explica por la reacción de alarma. Conviven al menos cuatro mecanismos, menos sangre en el cerebro, hiperventilación, oxígeno no consumido y tensión cervical. El vértigo y la inestabilidad entran en el mito del desmayo y reciben la misma respuesta.
Bados, pp. 109-112 y tabla 8 · Cuaderno, cap. 4
Una inestabilidad de origen vestibular recibe una explicación cardiovascular. Si el paciente nota que no encaja con lo que siente, la psicoeducación pierde credibilidad justo donde más falta hace.
Una sola casilla
En los registros de síntomas comparten casilla el mareo, la inestabilidad, el aturdimiento y la sensación de desmayo.
Dizzy/unsteady/lightheaded/faint
Guía del terapeuta, p. 54 · el cuaderno y el DSM-5 hacen lo mismo
Con ese registro no se puede distinguir una sensación vestibular de una presincopal. El dato que permitiría sospechar un componente vestibular no llega a recogerse.
Ejercicios vestibulares sin ese nombre
La exposición interoceptiva gira al paciente en una silla. Si el mareo dura una semana, se atribuye a una mala interpretación y se indica repetir con la máxima intensidad, salvo explicación médica, y el ejemplo que da la guía es el vértigo. El mareo que no se habitúa con la repetición se anota y no se interroga.
Guía del terapeuta, pp. 156 y 158 · lo vestibular aparece por su nombre solo como prueba del miedo al miedo, p. 28
Un mareo que dura días tras girar o que no cede con la repetición es justo el dato que debería llevar a explorar el equilibrio. El protocolo lo convierte en un error de interpretación más.
Sostenerse, siempre conducta de seguridad
Pegarse a la pared para no caer, agarrarse al carro o sentarse se leen como conductas de seguridad que hay que retirar. En un experimento conductual se pide no apoyarse al notar el mareo, y en la exposición intensiva la única instrucción postural es «sepárese de la pared».
Guía del terapeuta, pp. 38 y 150 · Bados, pp. 3, 118 y 126
La misma conducta puede mantener el miedo o compensar un déficit real de orientación. El propio Bados recoge que en la fobia a los espacios de Marks los pacientes necesitan apoyo visual más que físico, y no vuelve sobre ello al hablar del tratamiento.
Una jerarquía que no mide lo que pide la situación
Las situaciones se gradúan por la distancia a casa, la compañía, la cercanía a una salida, la hora y el número de personas. Bados añade el tipo de carretera y las condiciones atmosféricas. La luz intensa, que figura entre los factores que agravan, desaparece de la lista para graduar.
Guía del terapeuta, p. 80 · Bados, pp. 3 y 49
Ninguna variable se define por lo que la situación exige a la orientación del cuerpo, como el movimiento alrededor, la amplitud del espacio, el suelo o la posibilidad de apoyarse. Algunas la contienen sin nombrarla.
La caída, una creencia errónea
El tratamiento busca que la persona aprenda, ante la altura y el mareo, que no se cae. Entre los mitos que se desmontan no hay ninguno sobre caerse o perder el equilibrio. Ninguno de los cuatro textos menciona la rehabilitación vestibular ni deriva a otorrinolaringología o a fisioterapia, y el protocolo de la Autónoma no menciona lo vestibular.
Guía del terapeuta, pp. 121-122 · Cuaderno, cap. 4 · Bados, tabla 8 · Calero y Bados, pp. 1-27
Ningún texto contempla que en una parte de los pacientes la inestabilidad sea real. Para esos pacientes el mensaje «no se va a caer» puede ser falso, y la exposición sin trabajo de equilibrio les pide tolerar un problema que nadie ha tratado.
Lo que sí está y no se usa
Bados cita la disfunción vestibular entre los problemas médicos que producen sensaciones, y entre los signos que la sugieren la falta de equilibrio, la presión en los oídos y la intolerancia a ciertos movimientos de la cabeza (pp. 26 y 39-40). A propósito de la fobia a los espacios propone investigar la exposición a señales audiovestibulares (p. 12). Recoge también que en un estudio epidemiológico el 51 % de las personas con agorafobia no tenía historia de pánico ni síntomas parecidos (p. 2). Nada de esto vuelve en el apartado de tratamiento. La guía de Craske y Barlow no incluye lo vestibular entre lo que hay que descartar (p. 13).
El programa EQUILIBRIO, el grupo que llevo en el CSM de Lorca, parte de estos mismos manuales y cambia esos puntos. La exposición interoceptiva va al principio del programa y cada participante puntúa lo que le provoca cada ejercicio. La tabla de sitios evitados pregunta qué pide cada sitio a la vista, a los pies y al oído, y si pesa el ruido. Se dedica una sesión a la rehabilitación vestibular, y la tensión-distensión de Jacobson se usa para trabajar la conciencia corporal.
El ruido y la multitud
«Es el bullicio.» Es la explicación que más dan los pacientes cuando se les pregunta qué les molesta de un sitio, y la que más dan también los profesionales. Los manuales de tratamiento no lo gradúan. El cuaderno de Craske y Barlow solo nombra el sonido entre los síntomas de la retirada de la medicación, junto a la sensibilidad a la luz,37 y Bados propone investigar la exposición a señales audiovestibulares sin volver sobre ello.38
Por qué hay que medirlo
La primera razón es que confunde todo lo demás. En casi todas las situaciones agorafóbicas clásicas el ruido va junto al flujo visual y al movimiento de la gente. Un supermercado mezcla a la vez pasillos que se mueven en la visión, gente que se cruza, ruido envolvente y gente que mira. Mientras no se separe el ruido, cualquier resultado sobre la carga visual puede ser en realidad un efecto acústico.
La segunda razón es de fondo. El oído forma parte de la orientación del cuerpo en el espacio. Las fuentes de sonido que se mueven alrededor, el eco de un espacio grande y el sonido que no se puede anticipar le piden trabajo a la misma integración que la vista y el equilibrio. Por eso el modelo cuenta el oído entre sus cuatro canales.40
El experimento de Isabelle Viaud-Delmon
El grupo de Isabelle Viaud-Delmon, en el CNRS y el IRCAM de París, construyó una ciudad virtual en la que podía controlar por separado la imagen y el sonido. Pacientes con agorafobia y controles la recorrieron con casco buscando puntos de referencia en dos sesiones, una solo con imagen y otra con un paisaje sonoro espacial que se actualizaba en tiempo real según se movían.41
Los dos grupos se orientaron igual de bien en las dos condiciones, y todos se sintieron más inmersos con sonido. Lo que cambió fue el cibermareo. Los pacientes con agorafobia se marearon más en la condición con sonido. Los autores lo leen como una dificultad para integrar información de varios sentidos en la agorafobia.
El estudio tiene dos virtudes para lo que defiendo. Muestra que añadir un canal, sin cambiar nada de lo que se ve, aumenta el cibermareo de los pacientes con agorafobia. Y lo muestra con una medida de mareo y no de miedo. El mismo grupo había encontrado antes que en la ansiedad rasgo el problema está en construir una representación global del espacio y no en apoyarse más en la vista,42 y después usó multitudes virtuales con sonido tridimensional para trabajar el miedo a las multitudes.43
La multitud que se mueve alrededor
Una multitud en movimiento añade al ruido el flujo óptico. Cada persona que cruza es una superficie que se desplaza en la periferia de la visión, y una masa de gente que camina en direcciones distintas produce un flujo en todas las direcciones a la vez, sin una referencia quieta en la que apoyarse. El sistema que mantiene la postura usa ese flujo para saber si es uno mismo el que se mueve, y cuando se mueve todo el entorno la señal se vuelve ambigua. En pacientes con malestar ante el espacio y el movimiento, un flujo óptico oscilante aumenta la oscilación del cuerpo aunque la posturografía clínica salga normal.44 Bronstein releyó la lista clásica de situaciones agorafóbicas como carga de flujo óptico conflictivo,26 y Coelho y Balaban propusieron el flujo óptico periférico como la variable que las ordena.45
La multitud reúne tres componentes de la carga, el movimiento del entorno, la imprevisibilidad de las trayectorias ajenas y el ruido envolvente. Por eso es el mejor ejemplo de que lo que se registra como miedo a la gente puede ser en buena parte carga sensorial. Para separar las dos cosas hace falta una multitud que se mueva alrededor sin que nadie mire, algo que la realidad virtual permite construir.
En el tratamiento
Si el ruido carga, la jerarquía puede graduarlo. El mismo supermercado a la hora de abrir, vacío y en silencio, y un sábado a mediodía son dos peldaños distintos sin cambiar de sitio. En el grupo EQUILIBRIO, la tabla de sitios evitados pregunta si en cada sitio pesa el ruido, y al construir la escalera el ruido y el eco cuentan entre lo que el sitio le pide al cuerpo. El modelo predice además que añadir sonido espacial en movimiento aumenta el malestar y el cibermareo, y más en quien tiene la reserva baja.40
El modelo de la reserva de integración espacial
El modelo toma el territorio como uno solo y se pregunta qué tienen en común las situaciones que se evitan.40
Las situaciones que se evitan en la agorafobia se ordenan por lo que exigen a la orientación del cuerpo en el espacio, es decir, a la integración de la vista, el sistema vestibular, la propiocepción y el oído, cargada por el movimiento, el conflicto entre canales, la lejanía de las referencias y la imprevisibilidad. La evitación aparece cuando esa carga se acerca a la reserva de la persona. El miedo, lo que la persona se dice en el momento y lo que hace para sostenerse forman parte del mismo fenómeno. El resultado es una vida que se estrecha.
La carga de una situación
| Componente | Qué es | Cómo se mide en la situación |
|---|---|---|
| Movimiento | Movimiento propio o pasivo, y movimiento del entorno | Aceleración y giros con el móvil o el casco, velocidad del entorno en vídeo |
| Conflicto entre canales | Los canales informan cosas incompatibles | Flujo óptico grabado frente al movimiento propio registrado |
| Lejanía de las referencias | Distancia a la referencia estable más próxima | Metros hasta el cierre visual y apertura del campo |
| Imprevisibilidad | Cuánto se puede anticipar la señal | Regularidad del flujo, del sonido y de las trayectorias ajenas |
Reserva de integración espacial. Es el margen para sostener la orientación cuando la carga crece. Es una capacidad, se mide de forma objetiva y no se ve en reposo, como la reserva cardiaca. Se estima por cuánto se deteriora el control postural y cuánto tarda en recuperarse ante cargas calibradas.
Umbral de alarma. El nivel de carga al que aparece el malestar, el mareo o el impulso de salir. Es una respuesta y se mide aparte de la reserva.
Conductas de sostén. Apoyarse, fijar la mirada, frenar, buscar un brazo, pegarse a la pared o ir acompañado. Se registran como respuesta natural a la carga sin decidir de antemano si son compensación o conducta de seguridad, porque esa lectura depende del caso.
Funcionalidad. Lo que la persona hace con su vida, cuánto sale, hasta dónde llega y qué ha dejado de hacer. Es lo que el modelo quiere explicar.
Las situaciones clásicas llevan carga
Las situaciones que la literatura pone como ejemplo de agorafobia, incluidas las que se leen como pura dificultad para salir, llevan una carga sensorial que nunca se ha medido.
| Situación | Carga que lleva |
|---|---|
| Plaza abierta o calle ancha | Referencias lejanas, campo visual abierto, gente y tráfico en movimiento en la periferia |
| Supermercado o centro comercial | Pasillos largos con flujo óptico, estanterías de mucho contraste, luz fluorescente, gente en movimiento, ruido |
| Cola en el supermercado | Dentro de ese mismo espacio, con estímulos en movimiento alrededor y sin poder moverse |
| Conducir por autovía, puente o túnel | Flujo óptico rápido, referencias lejanas o ausentes, luces laterales en movimiento, aceleraciones |
| Autobús o metro de pie | Aceleraciones imprevisibles, entorno que se mueve, gente alrededor, apoyo inestable |
| Escalera mecánica | Suelo en movimiento, conflicto entre lo que se ve y lo que se siente al subir y al bajar |
| Multitud | Flujo óptico en todas direcciones, trayectorias ajenas imprevisibles, ruido envolvente |
| Cine o teatro, en el centro de la fila | Pantalla grande con movimiento, oscuridad, referencias reducidas |
| Sillón del dentista | Reclinado y con la cabeza extendida, uno de los ítems más discriminantes del cuestionario de Jacob |
| Resonancia magnética | Ruido intenso, decúbito, desplazamiento de la camilla |
| Peluquería | Movimientos pasivos de la cabeza, inclinación al lavar, espejo |
| Ascensor pequeño y lleno | Aceleración vertical |
Las explicaciones vigentes, dentro del modelo
El modelo no sustituye ninguna explicación actual de la agorafobia. Les añade la fuente de carga que no miran. La dificultad para escapar se trata como percibida y se recoge en lo que la persona se dice en el momento.22 El modelo cognitivo da por supuestas las sensaciones que se interpretan de forma catastrófica,47,48 y el modelo propone de dónde salen muchas de ellas. Las conductas de seguridad se registran como conductas de sostén.49 Y es compatible con el aprendizaje inhibitorio, al que añade un parámetro para graduar la exposición por lo que exige al cuerpo y no solo por el miedo que provoca.50 La neurología ha propuesto el mismo circuito, con la valoración de la amenaza integrada desde el origen en el control postural.51
Predicciones
Cuando la carga sube por pasos aumentan de forma graduada el malestar, el mareo, la oscilación postural y las conductas de sostén. Las curvas difieren entre personas.
La curva es más empinada, y se dispara antes, cuanto menor es la reserva.
La curva y la reserva explican la limitación funcional mejor que la evaluación habitual sola, con la gravedad del pánico, la evitación autoinformada y la ansiedad.
Hay personas con reserva baja y umbral alto, y personas con reserva normal y umbral bajo.
A igual magnitud, la señal imprevisible produce una respuesta mayor que la previsible.
Añadir sonido espacial en movimiento aumenta el malestar y el cibermareo, más en quien tiene la reserva baja.
Con más carga aparecen más atribuciones en el momento y cambia su contenido. Se describe y no se contrasta.
Hay limitación funcional ligada a la carga sin pánico ni diagnóstico en quienes consultan en Atención Primaria.
Qué lo refutaría
No hay dosis-respuesta. Subir la carga no cambia las respuestas una vez descontado el efecto del propio casco o del recorrido.
La curva y la reserva no añaden nada a la evaluación habitual para explicar la funcionalidad. Es la refutación principal.
La reserva no guarda relación con la curva de respuesta.
Reserva y umbral van siempre juntos y no aparece nadie con reserva baja y umbral alto.
La imprevisibilidad no añade nada a igual magnitud de señal.
No lo refuta que el miedo, las atribuciones o la compañía expliquen evitación, ni que una conducta se pueda leer como sostén y como seguridad, ni que haya personas cuya limitación dependa poco de la carga.
Lo que el modelo no afirma
No afirma una etiología, ni que la agorafobia sea un trastorno vestibular ni lo contrario. No separa lo sensorial de lo psicológico, porque el fenómeno es uno y lo que ha estado partido es la mirada. No considera patológicas por definición las conductas de sostén.
Tampoco es la «reserva vestibular» que se ha descrito recientemente a partir de la distancia entre un daño objetivado y una evolución mejor o peor de lo esperable.52 La reserva de integración espacial no parte de un daño, pone en el centro la orientación del cuerpo con cuatro canales, se mide por la respuesta a cargas del entorno y no por pruebas del laberinto, y el miedo forma parte del fenómeno en lugar de modularlo desde fuera.
Lo que está en marcha
El modelo se pone a prueba en dos líneas centrales que comparten muestra, reclutada en Atención Primaria por dos puertas, la ansiedad con evitación y el mareo sin explicación suficiente. Las demás líneas documentan el problema. Todo lo que se registra se registra antes de recoger datos.
| Línea | Qué aporta | Estado | Registro |
|---|---|---|---|
| Revisión de alcance | Mapa del campo y origen de la hipótesis de la previsibilidad | En revisión, JPR | OSF 97DRV |
| Modelo de la reserva de integración espacial | Formulación, predicciones y criterios de refutación | Registrado | OSF K8HEU |
| Topografía de las situaciones | Carga de cada situación por tres vías, panel de expertos, física de la escena y respuesta de personas sanas, con realidad virtual y vídeo de 360 grados. Banco de 217 ítems de doce instrumentos en 44 familias de situación | Registrado | OSF V6HRQ53 |
| Reserva de integración espacial | Medida de la reserva y del umbral, curva individual y su relación con la funcionalidad | En diseño | Dentro de K8HEU |
| Registro consecutivo de derivaciones | Cuántas personas derivadas a salud mental por agorafobia pasaron antes por una consulta por mareo, y hasta qué nivel llegó | Pendiente de comité | OSF ADCU454 |
| Serie de casos clínicos | Cómo se cierra hoy la pregunta vestibular en la práctica, a partir del itinerario asistencial | Material recogido | — |
| Fundamentación histórica y conceptual | La separación entre vértigo y agorafobia, los criterios de cada denominación y el distanciamiento entre disciplinas | En preparación | — |
| Programa EQUILIBRIO | Grupo clínico de pánico y agorafobia en el CSM de Lorca que trabaja la ansiedad y el equilibrio a la vez | Primera edición, otoño de 2026 | — |
Se buscan colaboraciones en tres frentes. La validación de la medida de control postural con sensores inerciales, la revisión otoneurológica del montaje y de una muestra de exploraciones grabadas, y el diseño de entornos de realidad virtual con la carga especificada en unidades físicas.
Notas
- J. Hernández García, R. Cabestrero y M. Á. Santed, «Disfunción vestibular-postural y psicopatología. Revisión de alcance sobre convergencia fenomenológica y fragmentación nosológica, 1837–2026», manuscrito en revisión en Journal of Psychosomatic Research (JPSYCHORES-D-26-02188). Protocolo registrado en OSF. doi.org/10.17605/OSF.IO/97DRVFuente de todas las cifras del corpus que aparecen en esta página.
- R. T. Pratt y W. McKenzie, «Anxiety states following vestibular disorders», The Lancet, 2, 1958, pp. 347-349. doi.org/10.1016/s0140-6736(58)90262-9Advierte en 1958 de la enfermedad de Ménière etiquetada como neurosis.
- Z. J. Chen, C. H. Chang, L. Y. Hu y otros, «Increased risk of benign paroxysmal positional vertigo in patients with anxiety disorders. A nationwide population-based retrospective cohort study», BMC Psychiatry, 16, 2016, 238. doi.org/10.1186/s12888-016-0950-2El único seguimiento de una población psiquiátrica hacia un desenlace vestibular, sin medir la función.
- C. H. Kim, L. R. McCray, S. A. Nguyen y otros, «Anxiety and depression in adults with vestibular disorders. A systematic review and meta-analysis», The Laryngoscope, 136, 2026, pp. 535-546. doi.org/10.1002/lary.70055El metaanálisis más amplio sobre ansiedad y depresión en pacientes vestibulares.
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